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24 abril, 2016

Frases y citas de "Leyendas de la Tierra Límite: Las Tierras Blancas"

   Sí, hoy es el último día de la Semana Temática en las Tierras Blancas. La verdad es que me da bastante pena que acabe porque me lo he pasado muy bien preparándola. Espero que os haya gustado y que hayáis podido disfrutar de la semana tanto como yo.

  Ayer publiqué la reseña de Leyendas de la Tierra Límite: Las Tierras Blancas y si la habéis leído sabréis lo mucho que me ha gustado. De verdad, no sabéis lo que me ha costado preparar la entrada de hoy, ya que al ir a elegir las citas inconscientemente me ponía a leer el libro. Claramente hay muchas más frases, citas, partes o momentos que me han encantado; pero sólo he seleccionado diez para que la entrada no se hiciera eterna y para no destriparos toda la historia.

NOTA: Os advierto de que si no habéis leído no os recomiendo leer la entrada, ya que cualquier cita puede ser considerada un spoiler. 

   Y para finalizar con la Semana temática en las Tierras Blancas hoy toca Frases y citas; ¡así que empecemos! 


- No te marches -suplicó él. Su voz tenía pinceladas de angustia.
Ella cerró los ojos para controlar el dolor. Tenía que ser fuerte.
- Sabes que debo hacerlo -susurró.
Se levantó y, con mucha suavidad, rozó los labios de él con los suyos. 
Y luego comenzó, muy despacio, a destrenzar sus dones.

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- ¿Qué ha pasado?
- Creo que hay uno de ellos cerca -susurró ella, sin aliento.
- ¿Uno de ellos? -inquirió Guil, dejando escapar un silbido entre sus labios.
- Un Ladrón de Almas.
- ¿Cómo lo sabes?
- Me lo ha dicho el viento.
Guil se atragantó. Demonios -pensó-, aquello era peor de lo que había supuesto. No solo era una Sanadora. También estaba loca. 
- No me digas... -repuso con una media sonrisa.
Aïa se enfureció. Aquel patán se atrevía a poner su juicio y su don en duda.


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Se sentía excluida. Y sola. Si la soledad hubiera sido agua, Aïa se hubiera ahogado en ella.


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- ¿Por qué no te sientas en las sillas, como el resto de los mortales? -la seca voz de Guil, 
que acababa de encontrársela por sorpresa, la sacó de su ensimismamiento.
- Tal vez porque no soy como el resto de los mortales.


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Laua buscó con sus dedos temblorosos el colgante de Maewk, que seguía en su cuello veinte años después.
- Debes jurar que siempre lo llevarás puesto -le había dicho su marido el día que se lo regaló.
- Lo juro -contestó Laua, mirándolo a los ojos. Aquellos ojos en los que se perdía.
- Eres mía -afirmó Maewk, agarrándola por la cintura y mordiéndole el cuello, mientras ella reía. 

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-Lo siento -murmuró Aïa-. No era mi intención pegarte tan fuerte -y luego, mirando a Guil, levantó la barbilla y afirmó-. No necesito a nadie que me defienda. Puedo hacerlo sola. 
-Puede hacerlo, Guil, créelo -gimió Buth, desde el suelo. 
Aïa sonrió, por primera vez esa mañana.  

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-Perdóname por esto -susurró Buth y pasó su brazo alrededor de la cintura de la Sanadora. Su boca bajó hasta cubrir los labios de Aïa en un beso. 
En un principio, la Sanadora intentó separarse instintivamente, pero luego, pensó que era posible que no volviese a verlo. "Un beso de despedida" -pensó Aïa-. "Era eso para los dos". Cuando sus bocas se separaron, permanecieron un momento abrazados, consolándose mutuamente. 

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-Que la Madre Naturaleza me ayude -dijo, guiñándole un ojo a Aïa-. Me he enamorado de una Sanadora.

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-Me preguntaba... si no deberíamos potenciarlo. 
-¿Cómo? 
-Bueno... podíamos dejarles compartir habitación. 
Ardanae torció el gesto. 
-Me estás pidiendo... 
-Sí, tú tienes la habitación más grande. En tu lecho caben dos personas. 
-¿Y la tuya? 
-Tal vez podamos compartirla -dijo Krolig, agachando la cabeza. 
Ardanae sonrió. Conocía a Krolig desde niña. Sabía cómo pensaba. Y se preguntaba qué parte de aquel trato tenía beneficio para todos y qué parte solo para Krolig. 

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-No te preocupes. Volveré. 
-Sabes que si no, iré a buscarte. 
Él sonrió. 
-Serías capaz. 
-Y tanto -le respondió ella. 

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-No sabes -dijo Tarus- lo que me alegra que se abran los cerrojos. 
-¿Los cerrojos? 
-Tal vez sea un poco pronto para explicar en qué consisten -opinó Tarus, 
dándole un beso en la frente. 

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¿Os han gustado las citas? 

Si habéis leído el libro, ¿qué otras citas o partes os gustaron?

Y si no lo habéis leído, ¿os ha picado la curiosidad después de haber leído las citas? 

10 septiembre, 2014

Frases y Citas: Sinsajo, de Suzanne Collins

 ¡Hola de nuevo! Antes que nada muchísimas gracias a todos los que estáis comentando y visitando las entradas. Intentaré responder los comentarios lo antes posible.
 Como sabéis seguimos con la semana temática y hoy que es miércoles toca citas de Sinsajo. Como dije en las anteriores entradas, no puedo poner todas las citas; ni todas las que me gustaría porque se quedaría una entrada demasiada larga. Espero que lo comprendáis. Os dejo con las citas:

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- (...) Por muy mal que eso te haga sentir, vas a matar a otros seres humanos, porque en la arena sólo se te permite un deseo, y es un deseo muy caro. 
-Te cuesta la vida. 
-Oh, no, te cuesta mucho más que la vida. ¿Matar a gente inocente? Te cuesta todo lo que eres. 
-Todo lo que eres -repite Caesar en voz baja. 

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-Finnick, ¿y si te pones pantalones?
Él se mira las piernas como si se diera cuenta por primera vez de lo que lleva puesto, se quita el camisón y se queda en ropa interior. 
-¿Por qué? ¿Es que esto -añade, poniendo una pose provocativa muy ridícula- te distrae? 

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-¿Quieres oírlos cantar una canción de verdad? -le suelto; cualquier cosa para detener los recuerdos. 

(...) 

¿Vas, vas a volver 
al árbol en el que colgaron 
a un hombre por matar a tres? 
Cosas extrañas pasaron en él, 
no más extraño sería
en el árbol ahorcado reunirnos al anochecer. 

(...) 

¿Vas, vas a volver
al árbol donde el hombre muerto 
pidió a su amor huir con él? 
Cosas extrañas pasaron en él, 
no más extraño sería
en el árbol ahorcado reunirnos al anochecer.

(...) 

¿Vas, vas a volver
al árbol donde te pedí huir
y en libertad juntos correr? 
Cosas extrañas pasaron en él, 
no más extraño sería
en el árbol ahorcado reunirnos al anochecer.

 (...) 

¿Vas, vas a volver
al árbol con un collar de cuerda
para conmigo pender? 
Cosas extrañas pasaron en él, 
no más extraño sería
en el árbol ahorcado reunirnos al anochecer.

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-¡El fuego se propaga! -grito, decidida a que oiga todas y cada una de mis palabras-. ¡Y si nosotros ardemos, tú arderás con nosotros!

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En la última página, bajo el boceto de mi insignia del sinsajo, Cinna ha escrito: <<Todavía apuesto por ti>>.  

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  El silencio se alarga y empiezo a pensar que no acabará nunca, hasta que habla Leevy:
 -Cuando se ofreció voluntaria para ocupar el lugar de Prim en la cosecha. Porque estoy seguro de que pensaba que iba a morir. 
 -Bien, un ejemplo excelente -dice Haymitch; agarra un rotulador morado y se pone a escribir en un cuaderno.- Voluntaria en lugar de su hermana en la cosecha. -Mira a su alrededor y añade-: Otro. 
 Me sorprende que el siguiente sea Boggs, a quien había tomado por un robot musculoso quehacía cumplir la voluntad de Coin:
 -Cuanto cantó la canción. Mientras la niña moría. 
 En algún lugar de mi cerebro aparece la imagen de Boggs con un niño apoyado en sus caderas. Creo que en el comedor. Puede que no sea un robot, al fin y al cabo. 

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Finnick me agarra con fuerza por los brazos. 
-No lo hemos visto. 
-¿Qué? -le pregunto. 
-No hemos visto a Peeta, sólo la propo del 8. Después hemos apagado el televisor porque las imágenes te alteraban. ¿Lo pillas? -pregunta, y yo asiento-. Termínate la cena. 

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Se supone que Gale no debe visitarme, ya que está en cama con una herida en el hombro, pero, la tercera noche, después de que me seden y apaguen la luz para dormir, se mete silenciosamente en mi  cuarto. No habla, sólo me acaricia los moratones con dedos ligeros como alas de polilla, me da un beso entre los ojos y desaparece.  

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-Bueno, eso está bien, ¿no? Si puedes separar unos de otros, también puedes saber qué es real. 
-Sí, y si me salieran alas podría volar, pero a la gente no le sale alas -dice-. ¿Real o no? 
-Real, pero la gente no necesita alas para sobrevivir. 
-Los sinsajos sí -responde. 

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-(...) -Me pregunto cómo se decidirá. 
-Bueno, yo ya lo sé -asegura Gale; apenas logro oírlo por culpa de las pieles que tiene encima-: Katniss elegirá al que necesite para sobrevivir. 
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-Damas y caballeros... -dice en voz baja, pero yo respondo a todo pulmón. 
-¡Que empiecen los Septuagésimo Sextos Juegos del Hambre! 

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-¿Qué es eso? -me pregunta, ronca; las puntas húmedas de su pelo le forman pequeños pinchos sobre la frente. 
-Lo he hecho para ti, para que lo pongas en tu cajón -respondo, poniéndoselo en la mano-. Huélelo. 
Ella se lleva el bultito a la nariz y lo olisquea con precaución. 
-Huele a casa -dice, y los ojos se le llenan de lágrimas. 
-Eso esperaba, por eso de que eres del 7 y tal. ¿Recuerdas cuando nos conocimos? Eras un árbol. Bueno, lo fuiste brevemente. 

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Prim me acompaña hasta las puertas del hospital y me pregunta: 
-¿Cómo te sientes? 
-Mejor sabiendo que estás donde Snow no puede alcanzarte. 
-La próxima vez que nos veamos nos habremos librado de él -me dice con seguridad; después me rodea el cuello con los brazos-. Ten cuidado. 
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-(...) Pero eso no pasará bajo mi mando, soldado Everdeen. Me he propuesto que disfrutes de una larga vida.
-¿Por qué? -le pregunto, porque algo así sólo puede traerle problemas-. No me debes nada. 
-Porque te lo has ganado -responde-. Y ahora, vuelve con tu pelotón. 

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-¿Te enamoraste de Annie desde el primer momento, Finnick? -le pregunto. 
-No -responde; al cabo de un rato, añade-: Los sentimientos aparecieron casi sin darme cuenta. 

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 -(...) Si el Capitolio te hubiera capturado y secuestrado, para después intentar asesinar a Peeta, ¿es así como te trataría él? -pregunta Haymitch.
 Me callo. No lo es. Así no es cómo me trataría, en absoluto. Intentaría recuperarme a cualquier precio. No me haría el vacío, ni me abandonaría, ni me recibiría con hostilidad en todo momento. 
 -Tú y yo hicimos un trato para intentar salvarlo, ¿recuerdas? -dice Haymitch; como no respondo, desconecta después de un seco-: Intenta recordarlo. 

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Unos cuantos minutos antes de las cuatro, Peeta se vuelve otra vez hacia mí y dice: 
-Tu color favorito... ¿es el verde? 
-Sí -respondo, y entonces se me ocurre algo que añadir-. Y el tuyo es el naranja. 
-¿Naranja?- repite él, poco convencido. 
-No el naranja chillón, sino el suave, como una puesta de sol -respondo-. Al menos, eso me dijiste una vez. 
-Ah -responde él, y cierra los ojos un momento, quizá para intentar imaginar esa puesta de sol; después asiente-. Gracias. 
 
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-¡Finnick!
Es una mezcla entre chillido y grito de alegría. Una joven encantadora, aunque algo desaliñada (cabello oscuro enredado y ojos verdes como el mar) corre hacia nosotros cubierta por una sábana. 
-¡Finnick!
Y, de repente, es como si no existiera nadie más en el mundo que estas dos personas que atraviesan el espacio para encontrarse. Chocan, se abrazan, pierden el equilibrio, se dan contra una pared y allí se quedan, convertidos en un solo ser invisible. 
Noto una punzada de celos, no por Finnick ni por Annie, sino por su certeza. Viéndolos, nadie dudaría de su amor. 
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Así que, después, cuando me susurra: 
-Me amas. ¿Real o no? 
Yo respondo: 
-Real. 

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09 septiembre, 2014

Frases y Citas: En Llamas, de Suzanne Collins

 La entrada de ayer tenía algunas citas del primer libro de la trilogía, y la de hoy va a tratar de varias citas de En Llamas.  Por ahora estoy muy contenta de como está marchando la semana. Como ya dije, no puedo poner todas las citas del libro, solo algunas pocas. No están en un orden exacto. Espero que os gusten y os las dejo abajo:
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Katniss Everdeen, la chica en llamas, ha encendido una chispa que, si no se apaga, podría crecer hasta convertirse en el incendio que destruya Panem.

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Gale se acerca y me levanta del suelo. La habitación da vueltas y tengo que agarrarme a su cuello para no caer, mientras él ríe, feliz. 
-¡Oye!-protesto, aunque también me río. 
Me deja en el suelo, pero no me suelta del todo. 
-Vale, huyamos-dice.
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  -Quiero dar las gracias a los tributos del Distrito 11 -digo. Primero miro a las mujeres del lado de Thresh-. Solo hablé con Thresh una vez, lo suficiente para que me perdonara la vida. Aunque no lo conocía, siempre lo respeté. Por su fuerza, por negarse a jugar en unos términos que no fuesen los suyos. Los profesionales querían que se uniese a ellos desde el principio, pero él no quiso. Lo respetaba por eso. 
 Por primera vez, la anciana encorvada (¿será la abuela de Thresh?) levanta la cabeza y esboza la sombra de una sonrisa.
 La multitud guarda silencio, tanto que me pregunto cómo lo consiguen. Deben de estar todos conteniendo el aliento.
 Me vuelvo hacia la familia de Rue.
 -Sin embargo, me parece que si conocía a Rue, y ella siempre estará conmigo. Todas las cosas bellas me la recuerdan. La veo en las flores amarillas que crecen en la Pradera, junto a mi casa. La veo en los sinsajos que cantan en los árboles. Y, sobre todo, la veo en mi hermana Prim. -No me fío mucho de mi voz, pero casi he terminado-. Gracias por vuestros hijos-digo, y levanto la barbilla para dirigirme a la multitud-. Y gracias a todos por el pan. 

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-¿Crees que habríamos acabado así si solo hubiese ganado uno de nosotros? -pregunta, mirando a los demás vencedores-. ¿Cómo una parte más de la feria de los mounstruos? 
-Seguro, sobre todo tú. 
-Oh, ¿y por qué sobre todo yo? -pregunta, sonriendo. 
-Porque sientes debilidad por las cosas bellas, y yo no-afirmó, con aire de superioridad-. Te traerían al Capitolio y estarías completamente perdido. 
-Saber apreciar la belleza no es lo mismo que sentir debilidad -señala Peeta-Salvo quizá en lo que respecta a ti.
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-Entonces, ¿qué hacemos con los pocos días que nos quedan? 
-Solo quiero pasar cada minuto del resto de mis días contigo -responde Peeta.   

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-Peeta, ¿por qué nunca sé cuándo tienes una pesadilla?
-Ni idea. Creo que yo no grito, ni me muevo, ni nada. Simplemente me despierto paralizado de terror.
-Deberías despertarme -le digo, porque yo interrumpo su sueño dos o tres veces cuando tengo una noche mala hasta que logra calmarme de nuevo.
-No hace falta, mis pesadillas suelen ser sobre perderte, así que se me pasa cuando me doy cuenta de que estás a mi lado.

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 - Pobre Finnick, ¿es la primera vez en tu vida que no estás guapo? 
 - Seguramente. La sensación me resulta completamente nueva. ¿Cómo has hecho tú para soportarlo tantos años?
- Solo tienes que evitar los espejos. Al final se te olvidará.
- No si sigo mirándote -responde.  

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-Te juro que si lloras te mato ahora mismo. 
-¿Te han mojado mucho? -me preguna, sonriendo. 
-Si me escurres, chorreo -contesto.  
  
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-Hola, Katniss -dice, como si nos conociésemos desde hace años, cuando lo cierto es que no nos habíamos visto nunca. 
-Hola, Finnick -respondo, igual de tranquila, aunque me siento incómoda teniéndolo tan cerca, sobre todo con la cantidad de piel que lleva al aire. 
-¿Quieres un azucarillo? -pregunta, ofreciéndome la mano que está llena de ellos. 


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 Cuando tomamos la curva para entrar en el circuito del Círculo de la Ciudad, veo que un par de estilistas de otros distritos han intentando robar la idea de Cinna y Portia de iluminar a sus tributos. Los trajes con lucecitas eléctricas del Distrito 3, donde hacen aparatos electrónicos, al menos tiene sentido, pero ¿qué hacen los ganaderos del Distrito 10, que van vestidos de vacas, con unos cinturones llameantes? ¿Asarse a la parrilla? Lamentable.

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-Viviremos más si nos unimos. 
-Supongo que ya lo has demostrado -responde Haymitch, restregándose el cuello-. ¿Aliados?

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-¿Qué? -pregunto. 
-Ojala pudiera congelar este momento, ahora mismo, aquí mismo, y vivir en él para siempre. 
(...) 
-Vale.
-Entonces, ¿lo permites? -pregunta él, y noto por su tono de voz que sonríe. 
-Lo permito.
  
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-Oooh, de menta -exclama Peeta después de abrir la bolsa de caramelos; se lleva uno a la boca. 
-Son míos -lo regaño, intentando recuperar la bolsa. Él se la lanza a Haymitch, que se mete un puñado de caramelos en la boca antes de pasársela a Prim, que está soltando risitas-. ¡No os merecéis mis caramelos! -grito. 

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La mujer parece hinoptizada por las palabras, en trance. Levanta una mano temblorosa y pinta lo que parece ser una flor en la mejilla de Peeta. 
-Gracias -susurra él-. Es preciosa. 

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-¿Qué es eso? ¿Qué quier decir? -pregunta con rudeza, preparada para matar. 
-Quiere decir que estamos de tu parte -responde una voz trémula detrás de mí.

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-No pueden hacerme daño, no soy como vosotros. A mí no me queda nadie-responde Johanna, y se sacude de mi mano con impaciencia.  

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Guardamos silencio durante un momento, retrasando lo inevitable, hasta que Haymitch dice: 
-Supongo que nosotros también tenemos que despedirnos. 
-¿Un último consejo? -pregunta Peeta. 
-Seguid vivos -responde Haymitch, con voz ronca. Se ha convertido en nuestra broma privada. Nos da un abrazo rápido a cada uno y me doy cuenta de que es lo máximo que puede soportar-.

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-Recuerda, chica en llamas, que sigo apostando por ti. -Me da un beso en la frente y retrocede, mientras el cilindro de cristal baja  para rodearme. 

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Mientras subo como puedo los escalones de la entrada, la puerta principal se abre y Gale me abraza.
-Me equivoqué, tendríamos que habernos ido cuando lo dijiste -susurra.
-No .-Me cuesta concentrarme y el licor se sale de la botella y se derrama por la espalda de la chaqueta de Gale, aunque a él no parece importarle.
-No es demasiado tarde -insiste.
Por encima de sus hombros veo a mi madre y a Prim abrazadas en el umbral. Nosotros huimos, ellas mueren. Y, además, tengo que proteger a Peeta. Fin de la discusión.
-Sí, sí que lo es.
Me ceden las rodillas y él me sujeta.
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08 septiembre, 2014

Frases y Citas: Los Juegos del Hambre, de Suzanne Collins

  ¡Lunes, primer día de la semana temática! Y, para empezar con ganas, esta entrada tiene algunas citas del primer libro de la trilogía, Los Juegos del Hambre. Quería agradecer a todos los que habéis comentado en al entrada anterior, y por haber acogido tan bien la idea.
 Volviendo a la entrada, el libro tiene muchas páginas y en ellas muchísimas citas (al igual que en sus siguientes partes). Por lo tanto, no se puede poner todas ellas en una entrada, porque, aparte de que quedaría larguísimo, estarían todos los spoilers del libro. Así que, lógicamente (y antes de que siga enrollandome) os dejo ya con las citas y nos leemos de nuevo mañana. 

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 -Hola, Catnip -me saluda Gale.
En realidad me llamo Katniss, como la flor acuática a la que llaman saeta, pero, cuando se lo dije por primera vez mi voz no era más que un susurro, así que creyó que le decía Catnip, la menta de gato. Después, cuando un lince loco empezó a seguirme por los bosques en busca de sobras, se convirtió en mi nombre oficial.  

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-Arréglate la cola, patito -le digo, poniéndole de nuevo la blusa en su sitio.
-Cuac -responde Prim, soltándo una risita. 

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Entonces la veo, con la cara pálida, dando pasitos hacia el escenario, pasando por mi lado, y veo que la blusa se le ha vuelto a salir de la falda por detrás. Es ese detalle, la blusa que forma una colita de pato, lo que me hace volver a la realidad.
-¡Prim! -El grito estrangulado me sale de la garganta y los músculos vuelven a reaccionar-.¡Prim!
No hace falta apartar a la gente, porque los otros chicos me abren paso de inmediato y crean un pasillo directo al escenario. Llego a ella justo cuando está a punto de subir los escalones y la empujo detrás de mí.
-¡Me presento voluntaria! -grito, con voz ahogada-.¡Me presento voluntaria como tributo!
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Noto que alguien tira de ella por detrás, así que me vuelvo y veo a Gale, que levanta a Prim del suelo, mientras ella forcejea en el aire.
-Arriba Catnip -me dice, intentando que no le falle la voz; después se lleva a Prim con mi madre.


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-Bueno, hay una chica -responde él, suspirando-. Llevo enamorado de ella desde que tengo uso de razón, pero estoy bastante seguro de que ella no sabía nada de mí hasta la cosecha. 
La multitud expresa su simpatía: comprenden lo que es un amor no correspondido. 
-¿Tiene a otro?
-No lo sé, aunque les gusta a muchos chicos. 
-Entonces te diré lo que tienes que hacer: gana y vuelve a casa. Así no podrá rechazarte, ¿eh? -lo anima Caesar. 
-Creo que no funcionaría. Ganar... no ayudará, en mi caso. 
-¿Por qué no? -pregunta Caesar, perplejo. 
-Porque... -empieza a balcucear Peeta, ruborizándose-. Porque... ella está aquí conmigo. 

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-¿Qué piensas? -le susurro a Peeta-. Del fuego, quiero decir.
-Te arrancaré la capa si tu me arrancas la mía -me responde, entre dientes. 
-Trato hecho. 

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Haymitch cruza los brazos y nos examina.
-¿Un último consejo?-pregunta Peeta.
-Cuando suene el gong, salid echando leches. Ninguno de los dos sois lo bastante buenos para meteros en el baño de sangre de la Cornucopia. Salid corriendo, poner toda la distancia posible por medio y encontrad una fuente de agua. ¿Entendido?
-¿Y después?-pregunto.
-Seguid vivos-responde Haymitch.

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-No sé cómo expresarlo bien. Es que... quiero morir siendo yo mismo. ¿Tiene sentido? -pregunta, y yo sacudo la cabeza. ¿Cómo va a morir siendo otra persona?-. No quiero que me cambien ahí fuera, que me conviertan en una especie de mounstruo, porque yo no soy así. -Me muerdo el labio, sintiéndome inferior. Mientras yo cavilaba sobre la existencia de árboles, Peeta le daba vueltas a cómo mantener su identidad, su esencia.

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-Recuerda lo que dijo Haymitch: corre, busca agua. Lo demás saldrá solo -dice y yo asiento-. Y recuerda una cosa: aunque no se me permite apostar,si pudiera, apostaría por ti. 
-¿De verdad?-susurro. 
-De verdad-afirma Cinna; después se inclina y me da un beso en la frente-.Buena suerte, chica en llamas. 

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En lo más profundo del prado, allí, bajo el sauce, 
hay un lecho de hierba, una almohada verde suave; 
recuéstate en ella, cierra los ojos sin miedo 
y, cuando los abras, el sol estará en el cielo. 

Este sol te protege y te da calor, 
las margaritas te cuidan y te dan amor, 
tus sueños son dulces y se harán realidad
y mi amor por ti aquí perdurará. 

En lo más profundo del prado, bien oculta,
hay una capa de hojas, un rayo de luna.
Olvida tus penas y calma tu alma,
pues por la mañana todo estará en calma.

Este sol te protege y te da calor,
las margaritas te  cuidan y te dan amor. 
Tus sueños son dulces y se harán realidad
y mi amor por ti aquí perdurará.


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17 agosto, 2013

Frases y Citas: Bajo la misma estrella

¡Hola a todos! 
Como hace tiempo que no hacia una entrada nueva, aprovechando que acabó de empezar a leer Bajo la misma estrella, de John Green, he decidido inaugurar una nueva sección con una cita del dicho libro.
La sección será llamada Frases y citas, y simplemente consiste en ir poniendo frases, diálogos y demás sacados de una película, una imagen que encuentre o, un libro y que me gusten. 
Sin entretenerme más os dejo con la cita.
-¿Puedo volver a verte?- me preguntó. 
Su voz sonó nerviosa, y me pareció entrañable. 
-Claro-le contesté sonriendo.
-¿Mañana?-me preguntó.
-Paciencia, saltamontes-le aconsejé-. No querrás parecer ansioso...
-No, por eso te he dicho mañana-me contestó-. Quisiera volver a verte hoy mismo, pero estoy dispuesto a esperar toda la noche y buena parte de la mañana.


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