11 septiembre, 2014

Conociendo a Suzanne Collins:

Suzanne Collins nació el 10 de agosto de 1962 en Hartford, Connecticut (EE.UU.), hija de Jane Collins y Michael Collins(un militar estadounidense de las Fuerzas Aéreas). Vive en Connecticut con Cap Pryor, su marido y ex capitán de la marina, y sus hijos. Es católica y tiene 51 años.



    La carrera de Suzanne Collins comenzó como guionista en programas infantiles de televisión, en 1991. Fue la escritora jefe de Clifford el Gran Perro Rojo (Clifford's Puppy Days). Trabajó como guionista escribiendo espisodios y participando en el personal de progama como Clarissa Lo Explica Todo (Clarissa Explains It All). También trabajo como co-escritora del especial de Navidad, Santa Baby!, por la que recibió una nominación de la Hermandad de Escritores de América (Writers Guild of America). 

 Al conocer al autor de libros para niños, James Proimos, mientras trabajaba en el programa "Generation O!" en Kid's WB, se inspiró para escribir libros para niños por su cuenta. Y así es como comenzó la carrera de Suzanne como escritora, publicando su primer libro Gregor: Las Tierras Bajas (Gregor the Overlander) ; al cual le siguieron cuatro más formando la saga de Las Crónicas de las Tierras Bajas (The Underland Chronicles). 

  Collins también escribió un libro de imágenes que riman, ilustrado por Mike Lester, titulado Cuando Charlie McButton perdió el poder (When Charlie McButton Lost Power).

 Suzanne se hizo popular en 2008, cuando escribió una novela distópica para jovenes y adultos, Los Juegos del Hambre. La novela fue publicada por la editorial Scholastic Press en Estados Unidos, y en España por la editorial Molino. Al año siguiente (2009) fue cuando se publicó su segunda parte, En Llamas. La tercera y última parte de la trilogía, Sinsajo, se lanzó en 2010.  

 Dicha trilogía ha sido traducida a más de 40 idiomas, y ha alcanzado las primeras posiciones en la lista de los más vendidos en Estads Unidos y en todo el mundo. Ha cosechado incontables elogios, críticas positivas y galardones. Los dos primeros libros ya se han adaptado a la pantalla. El tercero, Sinsajo, está siendo adaptado, y la película estará dividida en dos partes. Hay que destacar que Collins fue una de las guionistas acreditadas en las películas Los Juegos del Hambre y En Llamas; y fue una de las productoras de ambas películas. Actualmente trabaja en la pre-producción de Sinsajo, junto con el director Francis Lawrence.



- Cuando Charlie McButton perdió el poder / When Charlie McButton Lost Power



 - Un año en la selva / Year of the Jungle



 - La prueba de fuego: Shelby Woo / Fire Proof: Shelby Woo #11


 
- Trilogía Los Juegos del Hambre:
 1. Los Juegos del Hambre / The Hunger Games  (primer capítulo aquí) 
2. En Llamas / Catching Fire (primer capítulo aquí) 
3. Sinsajo / Mockingjay (primer capítulo aquí)


  
- Saga Las Crónicas de las Tierras Bajas / The Underland Chronicles:
1. Gregor: Las Tierras Bajas / Gregor the Overlander (primer capítulo aquí)
2. Gregor: La Segunda Profecía / Gregor and the Prophecy of Bane (primer capítulo aquí)
3. Gregor: La Gran Plaga / Gregor and the Curse of the Warmbloods (primer capítulo aquí)
4. Gregor: El Oscuro Secreto / Gregor and the Marks of Secret 
5.  Gregor: La Profecía Final / Gregor and the Code of Claw



FUENTES: 
  •  http://los-juegos-del-hambre.wikia.com/wiki/Suzanne_Collins
  • http://es.wikipedia.org/wiki/Suzanne_Collins

10 septiembre, 2014

Frases y Citas: Sinsajo, de Suzanne Collins

 ¡Hola de nuevo! Antes que nada muchísimas gracias a todos los que estáis comentando y visitando las entradas. Intentaré responder los comentarios lo antes posible.
 Como sabéis seguimos con la semana temática y hoy que es miércoles toca citas de Sinsajo. Como dije en las anteriores entradas, no puedo poner todas las citas; ni todas las que me gustaría porque se quedaría una entrada demasiada larga. Espero que lo comprendáis. Os dejo con las citas:

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- (...) Por muy mal que eso te haga sentir, vas a matar a otros seres humanos, porque en la arena sólo se te permite un deseo, y es un deseo muy caro. 
-Te cuesta la vida. 
-Oh, no, te cuesta mucho más que la vida. ¿Matar a gente inocente? Te cuesta todo lo que eres. 
-Todo lo que eres -repite Caesar en voz baja. 

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-Finnick, ¿y si te pones pantalones?
Él se mira las piernas como si se diera cuenta por primera vez de lo que lleva puesto, se quita el camisón y se queda en ropa interior. 
-¿Por qué? ¿Es que esto -añade, poniendo una pose provocativa muy ridícula- te distrae? 

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-¿Quieres oírlos cantar una canción de verdad? -le suelto; cualquier cosa para detener los recuerdos. 

(...) 

¿Vas, vas a volver 
al árbol en el que colgaron 
a un hombre por matar a tres? 
Cosas extrañas pasaron en él, 
no más extraño sería
en el árbol ahorcado reunirnos al anochecer. 

(...) 

¿Vas, vas a volver
al árbol donde el hombre muerto 
pidió a su amor huir con él? 
Cosas extrañas pasaron en él, 
no más extraño sería
en el árbol ahorcado reunirnos al anochecer.

(...) 

¿Vas, vas a volver
al árbol donde te pedí huir
y en libertad juntos correr? 
Cosas extrañas pasaron en él, 
no más extraño sería
en el árbol ahorcado reunirnos al anochecer.

 (...) 

¿Vas, vas a volver
al árbol con un collar de cuerda
para conmigo pender? 
Cosas extrañas pasaron en él, 
no más extraño sería
en el árbol ahorcado reunirnos al anochecer.

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-¡El fuego se propaga! -grito, decidida a que oiga todas y cada una de mis palabras-. ¡Y si nosotros ardemos, tú arderás con nosotros!

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En la última página, bajo el boceto de mi insignia del sinsajo, Cinna ha escrito: <<Todavía apuesto por ti>>.  

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  El silencio se alarga y empiezo a pensar que no acabará nunca, hasta que habla Leevy:
 -Cuando se ofreció voluntaria para ocupar el lugar de Prim en la cosecha. Porque estoy seguro de que pensaba que iba a morir. 
 -Bien, un ejemplo excelente -dice Haymitch; agarra un rotulador morado y se pone a escribir en un cuaderno.- Voluntaria en lugar de su hermana en la cosecha. -Mira a su alrededor y añade-: Otro. 
 Me sorprende que el siguiente sea Boggs, a quien había tomado por un robot musculoso quehacía cumplir la voluntad de Coin:
 -Cuanto cantó la canción. Mientras la niña moría. 
 En algún lugar de mi cerebro aparece la imagen de Boggs con un niño apoyado en sus caderas. Creo que en el comedor. Puede que no sea un robot, al fin y al cabo. 

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Finnick me agarra con fuerza por los brazos. 
-No lo hemos visto. 
-¿Qué? -le pregunto. 
-No hemos visto a Peeta, sólo la propo del 8. Después hemos apagado el televisor porque las imágenes te alteraban. ¿Lo pillas? -pregunta, y yo asiento-. Termínate la cena. 

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Se supone que Gale no debe visitarme, ya que está en cama con una herida en el hombro, pero, la tercera noche, después de que me seden y apaguen la luz para dormir, se mete silenciosamente en mi  cuarto. No habla, sólo me acaricia los moratones con dedos ligeros como alas de polilla, me da un beso entre los ojos y desaparece.  

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-Bueno, eso está bien, ¿no? Si puedes separar unos de otros, también puedes saber qué es real. 
-Sí, y si me salieran alas podría volar, pero a la gente no le sale alas -dice-. ¿Real o no? 
-Real, pero la gente no necesita alas para sobrevivir. 
-Los sinsajos sí -responde. 

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-(...) -Me pregunto cómo se decidirá. 
-Bueno, yo ya lo sé -asegura Gale; apenas logro oírlo por culpa de las pieles que tiene encima-: Katniss elegirá al que necesite para sobrevivir. 
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-Damas y caballeros... -dice en voz baja, pero yo respondo a todo pulmón. 
-¡Que empiecen los Septuagésimo Sextos Juegos del Hambre! 

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-¿Qué es eso? -me pregunta, ronca; las puntas húmedas de su pelo le forman pequeños pinchos sobre la frente. 
-Lo he hecho para ti, para que lo pongas en tu cajón -respondo, poniéndoselo en la mano-. Huélelo. 
Ella se lleva el bultito a la nariz y lo olisquea con precaución. 
-Huele a casa -dice, y los ojos se le llenan de lágrimas. 
-Eso esperaba, por eso de que eres del 7 y tal. ¿Recuerdas cuando nos conocimos? Eras un árbol. Bueno, lo fuiste brevemente. 

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Prim me acompaña hasta las puertas del hospital y me pregunta: 
-¿Cómo te sientes? 
-Mejor sabiendo que estás donde Snow no puede alcanzarte. 
-La próxima vez que nos veamos nos habremos librado de él -me dice con seguridad; después me rodea el cuello con los brazos-. Ten cuidado. 
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-(...) Pero eso no pasará bajo mi mando, soldado Everdeen. Me he propuesto que disfrutes de una larga vida.
-¿Por qué? -le pregunto, porque algo así sólo puede traerle problemas-. No me debes nada. 
-Porque te lo has ganado -responde-. Y ahora, vuelve con tu pelotón. 

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-¿Te enamoraste de Annie desde el primer momento, Finnick? -le pregunto. 
-No -responde; al cabo de un rato, añade-: Los sentimientos aparecieron casi sin darme cuenta. 

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 -(...) Si el Capitolio te hubiera capturado y secuestrado, para después intentar asesinar a Peeta, ¿es así como te trataría él? -pregunta Haymitch.
 Me callo. No lo es. Así no es cómo me trataría, en absoluto. Intentaría recuperarme a cualquier precio. No me haría el vacío, ni me abandonaría, ni me recibiría con hostilidad en todo momento. 
 -Tú y yo hicimos un trato para intentar salvarlo, ¿recuerdas? -dice Haymitch; como no respondo, desconecta después de un seco-: Intenta recordarlo. 

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Unos cuantos minutos antes de las cuatro, Peeta se vuelve otra vez hacia mí y dice: 
-Tu color favorito... ¿es el verde? 
-Sí -respondo, y entonces se me ocurre algo que añadir-. Y el tuyo es el naranja. 
-¿Naranja?- repite él, poco convencido. 
-No el naranja chillón, sino el suave, como una puesta de sol -respondo-. Al menos, eso me dijiste una vez. 
-Ah -responde él, y cierra los ojos un momento, quizá para intentar imaginar esa puesta de sol; después asiente-. Gracias. 
 
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-¡Finnick!
Es una mezcla entre chillido y grito de alegría. Una joven encantadora, aunque algo desaliñada (cabello oscuro enredado y ojos verdes como el mar) corre hacia nosotros cubierta por una sábana. 
-¡Finnick!
Y, de repente, es como si no existiera nadie más en el mundo que estas dos personas que atraviesan el espacio para encontrarse. Chocan, se abrazan, pierden el equilibrio, se dan contra una pared y allí se quedan, convertidos en un solo ser invisible. 
Noto una punzada de celos, no por Finnick ni por Annie, sino por su certeza. Viéndolos, nadie dudaría de su amor. 
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Así que, después, cuando me susurra: 
-Me amas. ¿Real o no? 
Yo respondo: 
-Real. 

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09 septiembre, 2014

Frases y Citas: En Llamas, de Suzanne Collins

 La entrada de ayer tenía algunas citas del primer libro de la trilogía, y la de hoy va a tratar de varias citas de En Llamas.  Por ahora estoy muy contenta de como está marchando la semana. Como ya dije, no puedo poner todas las citas del libro, solo algunas pocas. No están en un orden exacto. Espero que os gusten y os las dejo abajo:
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Katniss Everdeen, la chica en llamas, ha encendido una chispa que, si no se apaga, podría crecer hasta convertirse en el incendio que destruya Panem.

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Gale se acerca y me levanta del suelo. La habitación da vueltas y tengo que agarrarme a su cuello para no caer, mientras él ríe, feliz. 
-¡Oye!-protesto, aunque también me río. 
Me deja en el suelo, pero no me suelta del todo. 
-Vale, huyamos-dice.
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  -Quiero dar las gracias a los tributos del Distrito 11 -digo. Primero miro a las mujeres del lado de Thresh-. Solo hablé con Thresh una vez, lo suficiente para que me perdonara la vida. Aunque no lo conocía, siempre lo respeté. Por su fuerza, por negarse a jugar en unos términos que no fuesen los suyos. Los profesionales querían que se uniese a ellos desde el principio, pero él no quiso. Lo respetaba por eso. 
 Por primera vez, la anciana encorvada (¿será la abuela de Thresh?) levanta la cabeza y esboza la sombra de una sonrisa.
 La multitud guarda silencio, tanto que me pregunto cómo lo consiguen. Deben de estar todos conteniendo el aliento.
 Me vuelvo hacia la familia de Rue.
 -Sin embargo, me parece que si conocía a Rue, y ella siempre estará conmigo. Todas las cosas bellas me la recuerdan. La veo en las flores amarillas que crecen en la Pradera, junto a mi casa. La veo en los sinsajos que cantan en los árboles. Y, sobre todo, la veo en mi hermana Prim. -No me fío mucho de mi voz, pero casi he terminado-. Gracias por vuestros hijos-digo, y levanto la barbilla para dirigirme a la multitud-. Y gracias a todos por el pan. 

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-¿Crees que habríamos acabado así si solo hubiese ganado uno de nosotros? -pregunta, mirando a los demás vencedores-. ¿Cómo una parte más de la feria de los mounstruos? 
-Seguro, sobre todo tú. 
-Oh, ¿y por qué sobre todo yo? -pregunta, sonriendo. 
-Porque sientes debilidad por las cosas bellas, y yo no-afirmó, con aire de superioridad-. Te traerían al Capitolio y estarías completamente perdido. 
-Saber apreciar la belleza no es lo mismo que sentir debilidad -señala Peeta-Salvo quizá en lo que respecta a ti.
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-Entonces, ¿qué hacemos con los pocos días que nos quedan? 
-Solo quiero pasar cada minuto del resto de mis días contigo -responde Peeta.   

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-Peeta, ¿por qué nunca sé cuándo tienes una pesadilla?
-Ni idea. Creo que yo no grito, ni me muevo, ni nada. Simplemente me despierto paralizado de terror.
-Deberías despertarme -le digo, porque yo interrumpo su sueño dos o tres veces cuando tengo una noche mala hasta que logra calmarme de nuevo.
-No hace falta, mis pesadillas suelen ser sobre perderte, así que se me pasa cuando me doy cuenta de que estás a mi lado.

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 - Pobre Finnick, ¿es la primera vez en tu vida que no estás guapo? 
 - Seguramente. La sensación me resulta completamente nueva. ¿Cómo has hecho tú para soportarlo tantos años?
- Solo tienes que evitar los espejos. Al final se te olvidará.
- No si sigo mirándote -responde.  

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-Te juro que si lloras te mato ahora mismo. 
-¿Te han mojado mucho? -me preguna, sonriendo. 
-Si me escurres, chorreo -contesto.  
  
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-Hola, Katniss -dice, como si nos conociésemos desde hace años, cuando lo cierto es que no nos habíamos visto nunca. 
-Hola, Finnick -respondo, igual de tranquila, aunque me siento incómoda teniéndolo tan cerca, sobre todo con la cantidad de piel que lleva al aire. 
-¿Quieres un azucarillo? -pregunta, ofreciéndome la mano que está llena de ellos. 


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 Cuando tomamos la curva para entrar en el circuito del Círculo de la Ciudad, veo que un par de estilistas de otros distritos han intentando robar la idea de Cinna y Portia de iluminar a sus tributos. Los trajes con lucecitas eléctricas del Distrito 3, donde hacen aparatos electrónicos, al menos tiene sentido, pero ¿qué hacen los ganaderos del Distrito 10, que van vestidos de vacas, con unos cinturones llameantes? ¿Asarse a la parrilla? Lamentable.

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-Viviremos más si nos unimos. 
-Supongo que ya lo has demostrado -responde Haymitch, restregándose el cuello-. ¿Aliados?

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-¿Qué? -pregunto. 
-Ojala pudiera congelar este momento, ahora mismo, aquí mismo, y vivir en él para siempre. 
(...) 
-Vale.
-Entonces, ¿lo permites? -pregunta él, y noto por su tono de voz que sonríe. 
-Lo permito.
  
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-Oooh, de menta -exclama Peeta después de abrir la bolsa de caramelos; se lleva uno a la boca. 
-Son míos -lo regaño, intentando recuperar la bolsa. Él se la lanza a Haymitch, que se mete un puñado de caramelos en la boca antes de pasársela a Prim, que está soltando risitas-. ¡No os merecéis mis caramelos! -grito. 

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La mujer parece hinoptizada por las palabras, en trance. Levanta una mano temblorosa y pinta lo que parece ser una flor en la mejilla de Peeta. 
-Gracias -susurra él-. Es preciosa. 

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-¿Qué es eso? ¿Qué quier decir? -pregunta con rudeza, preparada para matar. 
-Quiere decir que estamos de tu parte -responde una voz trémula detrás de mí.

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-No pueden hacerme daño, no soy como vosotros. A mí no me queda nadie-responde Johanna, y se sacude de mi mano con impaciencia.  

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Guardamos silencio durante un momento, retrasando lo inevitable, hasta que Haymitch dice: 
-Supongo que nosotros también tenemos que despedirnos. 
-¿Un último consejo? -pregunta Peeta. 
-Seguid vivos -responde Haymitch, con voz ronca. Se ha convertido en nuestra broma privada. Nos da un abrazo rápido a cada uno y me doy cuenta de que es lo máximo que puede soportar-.

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-Recuerda, chica en llamas, que sigo apostando por ti. -Me da un beso en la frente y retrocede, mientras el cilindro de cristal baja  para rodearme. 

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Mientras subo como puedo los escalones de la entrada, la puerta principal se abre y Gale me abraza.
-Me equivoqué, tendríamos que habernos ido cuando lo dijiste -susurra.
-No .-Me cuesta concentrarme y el licor se sale de la botella y se derrama por la espalda de la chaqueta de Gale, aunque a él no parece importarle.
-No es demasiado tarde -insiste.
Por encima de sus hombros veo a mi madre y a Prim abrazadas en el umbral. Nosotros huimos, ellas mueren. Y, además, tengo que proteger a Peeta. Fin de la discusión.
-Sí, sí que lo es.
Me ceden las rodillas y él me sujeta.
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